Como no quiero un aluvión de comentarios en mi contra ni quiero entrar en una vana discusión sobre el bien y el mal, no voy a hablar públicamente de la desazón que me produce la muerte de Gadafi; tampoco voy a enumerar los méritos y desméritos del régimen socialista de Libia; ni voy a hablar de los recursos naturales que provocan una guerra en un país que tiene el 80% del petróleo africano. Líbreme dios de hablar de intereses geoestratégicos al puro estilo chomskyano. Aún menos hablaré de la crueldad, de la falta de humanidad y del valiente canallismo que subyace en presumir del asesinato en público.
Pero sí que puedo, arriesgando la vida y perdiendo amigos, invitar a la reflexión sobre algunas de las cuestiones que se están planteando en estos tiempos malditos.
Primera reflexión: ¿desde cuándo conozco yo a Gadafi?
Recuerdo que hace relativamente poco cuando vino Gadafi a Madrid, el titular del Público era “Alfombra roja para un dictador” y dentro se comentaban y detallaban todas las excentricidades de un dictador bien acogido por aquel entonces por los países de la Unión Europea. Todos periódicos apuntaban en la misma línea. Ahora me pregunto si de lo que se trataba era de ir creándonos una imagen que luego, con otros datos diarios y reiterados, convertiría a un ser prácticamente desconocido en un monstruo contra el que luchar por el bien del pueblo libio, pueblo también bastante desconocido.
Segunda reflexión: Se dice que Libia llevaba 42 años sin democracia, los mismos que gobernó Gadafi ¿quiere decir eso que antes de Gadafi había una democracia?
Pues no. La monarquía del Rey Idris I no era una democracia, era una monarquía absoluta en la que rey ostentaba todos los poderes sobre el parlamento y las fuerzas armadas y dentro del parlamento estaba la oligarquía aristocrática y portadora del capital. Idris I era el títere que se puso después de la descolonización de Libia de Italia para tener el poder en esa parte de África. Para mí decir que Libia lleva 42 años sin democracia es una forma de intentar hacernos creer que Gadafi irrumpió en un estado democrático y libre para imponer una feroz dictadura. Pues si queremos hacer honor a la verdad, ésta es que Libia nunca ha vivido en un sistema democrático. Cosa que nos viene muy bien, porque así podemos ayudarles nosotros y de paso que nos paguen en petróleo.
Tercera reflexión: ¿qué pruebas tengo de que la intervención fuera por razones humanitarias de fuerza mayor?
La intervención en Libia comenzó el día 19 de marzo de 2011 con una participación inicial de fuerzas estadounidenses, británicas y francesas, a las que luego nos sumaríamos los demás y por supuesto, las fuerzas pacificadoras de la OTAN.
Debemos recordar que uno de los motivos iniciales de la urgencia por imponer una zona de exclusión aérea fue evitar que Gadafi utilizara a la aviación para bombardear a “su propio pueblo”, expresión característica que recuerda a la que se ensayó y probó para demonizar a Sadam Husein en Iraq. El 21 de febrero, cuando la oposición Libia emitió los primeros “avisos” alarmistas sobre “genocidio”, tanto Al Jazeera como la BBC aseguraban que Gadafi había desplegado su aviación contra los manifestantes; según “informaba” la BBC: “Hay testigos que dicen haber visto aviones militares disparando sobre manifestantes en la ciudad”. Sin embargo, el propio 19 de marzo, durante una conferencia de prensa en el Pentágono, ante la pregunta “¿Existen pruebas de que [Gadafi] haya disparado realmente contra su propio pueblo desde el aire? Existen informaciones al respecto, pero ¿poseen una confirmación independiente? De ser así, ¿hasta qué punto se han confirmado?”. El secretario de Defensa estadounidense Robert Gates replicó: “Hemos visto las noticias en la prensa, pero no poseemos confirmación al respecto”. El almirante Mullen le secundó: “Es cierto. No tenemos absolutamente ninguna confirmación”.
De hecho, las aseveraciones de que Gadafi también utilizó helicópteros contra manifestantes desarmados eran totalmente infundadas, una pura invención basada en afirmaciones falsas. Se trata de un hecho importante, ya que era el dominio del espacio aéreo libio por parte de Gadafi lo que los intervencionistas extranjeros pretendían neutralizar y, por tanto, los mitos sobre las atrocidades cometidas desde el aire adquirían un valor adicional como punto de entrada para una intervención militar extranjera que ha superado con creces cualquier orden recibida de “proteger a los civiles”.
Ya el 21 de marzo, David Kirpatrick, de The New York Times, confirmó que “los rebeldes no son fieles en absoluto a la verdad a la hora de elaborar su propaganda, atribuyéndose victorias bélicas inexistentes, asegurando que seguían luchando en una ciudad clave incluso días después de que ésta hubiera caído en manos de las fuerzas de Gadafi y realizando declaraciones enormemente exageradas acerca del bárbaro comportamiento de éste”.
Cuarta reflexión: ¿qué tiene Gadafi que no tengan otros dictadores?
Petróleo, riqueza, recursos naturales y una buena posición geoestratégica dentro de África.
Quinta reflexión ¿qué me parecía a mi mal de la Guerra en Irak?
Si sólo tienes como razón en contra de la guerra de Irak que era una intervención en contra de la Resolución 1441 de la ONU, piensa un poco más que a Pedro J. se le ocurrieron 101 en su día.
En contra de cualquier forma de violencia, en contra de cualquier dictadura, en contra de los intereses económicos mundiales, digo: La batalla no es por Libia, que dios la pille confesada y que la salve de lo que se le avecina.
Qué grande, Cande. A mí me asqueó el video en el que enseñaban a Gadafi justo después de capturarlo, y las fotos de él muerto. Qué falta de humanidad. Qué mierda son las guerras. Últimamente vemos demasiadas imágenes de esas, las de Bin Laden hace nada. Siempre me recuerdan a la del Che, por mucho que no sean lo mismo. Que dios pille confesada a Libia, efectivamente, aún no saben lo que les espera.
No me ha podido gustar más. Todita la razón.
Hola, definitivamente los intereses económicos han jugado un papel preponderante en esta situación. Los dictadores, aquellos que gobiernan con mano de hierro a un pueblo son un estorbo para las grandes potencias. El poder desenmascara a las personas y algunos que lo tengan serán presa fácil de un ego inflado que desgraciadamente les hará caer en una muerte tan violenta como esta o en una corte penal internacional (que al final, creo yo, vienen a ser lo mismo por su finalidad)..justicia terrena, justicia legal..pero no olvidemos la justicia divina.
Esto nos recuerda que debemos ser más reflexivos y siempre para bien.
Saludos!