Ante los golpes de la vida, lo normal es tambalearse. Pierdes el norte, eres un tententieso. Si te tambaleas, en realidad no es tan difícil que no te puedas levantar, que el golpe sea tan duro que te tumbe y la semiesfera que tenías en los pies no te proteja. A veces vemos a personas que ante los mismos problemas reaccionan de maneras diferentes sin saber en qué momento de su vida se cuajó la línea que separará para siempre a esas dos personas. Una se ha podido levantar, la pelota en los pies le protegió; la otra puede que no sepa ni por dónde empezar como un escarabajo dado la vuelta. Es fácil ser cualquiera de las dos personas y es difícil saber cuáles son las marcas que las separan.
En la sociedad siempre se diferencian los buenos de los malos; los que dañan y los que necesitan ser protegidos; los que dan y los que reciben; sólo quiero decir que no es tan difícil de repente encontrarse al otro lado.
Hay personas que tienen una vida lineal: nacen, van a la escuela sin mayor trauma, crecen, estudian o trabajan, se casan, se mueren primero los padres y luego los hijos (todos a los ochenta), enviudan o mueren tarde; tragedias las justas. Otros no. En conclusión, que puedes pensar yo no caeré, pero no es tan difícil. Tanto es así que gente más lista que yo y quizá que tú cayó con todo el equipo a un submundo a veces inverosímil.
Hace dos años que se inauguró este blog. Se inauguró con Miguel Hernández con un post titulado “Temprano levantó la muerte el vuelo”. Hoy hace cuatro años que pasaron muchas cosas y muy acumuladas. Cosas que han cambiado mi vida; cosas que rompieron los esquemas; cosas que me hicieron pensar que nunca podría volver a vivir algo así. Que no lo soportaría. Sin embargo, cuatro años más tarde aquí estoy y ni tan mal…
Para celebrar la supervivencia y el aniversario voy a poner a dos clásicos de este blog, José Agustín Goytisolo y Miquel Marti i Pol, ahí van:
Se hace, pues, inútil
retomar aquellos versos
que guardamos muchos años atrás
e intentar adaptarlos
al nuevo ritmo del tiempo.
Quiero decir que, en conciencia,
ya no puede decirse ahora caridad
ni amor ni libertad como entonces.
Envejecen los versos
y la voz se nos deforma
si no tratamos, tenaces, de entender
que ha cambiado el sentido
vital de las palabras.
Es una pendiente fácil
y resbaladiza, que no nos deja
crecer. Para los que luchan
siempre se hace corto el tiempo;
los otros se extasían
y protestan, airados,
contra cualquier viento que agite
el agua del pilón que los conserva.
Y se mojan entre sí,
displicentes, con las viejas
palabras. Porque el juego
consiste en sentirse
siempre húmedo, convencido, inefable.
Madrugada
“El tiempo deja un poso
que envenena. No sé
si todo lo vivido
sirve para algo más
que atormentar el alma.
Dan las dos. Otra vez
a dormir. Y mañana
volverá a comenzar
la gris monotonía
de las horas…”
He escrito:
monotonía, tiempo,
alma, veneno, poso,
ridículas palabras
que el cansancio me dicta.
Porque mañana el sol
será más verdadero
que nunca, porque el aire,
libre otra vez, saldrá
por los caminos,
y yo no estaré solo,
sino con todos, en
el camino que lleva
de nuevo hacia la vida.
me encantó esta entrada, pones en palabras bastante más transparentes una conversación que tuve hace poco con unas cuantas cervezas de más. voy a tener que hacerme tarjetitas pa esos momentos “borrachera filosófica y/o trascendental” que tanto me gustan…
El mejor abrigo para el frío existencial,es este manto de palabras que llamas entrada.Gracias por compartir tus pensamientos y sentimientos de una forma tan sublime .Un saludo y grán trabajo.Las palabras nocaen en sacos rotos.FELICIES FIESTA PARA TODA LA FAMILIA.