Bueno, retomamos las efémerides literarias para hablar de Oscar Wilde, escritor irlandés nacido el 16 de octubre de 1854 (llego un poco tarde, lo sé) que murió en Paris en 1900. Ensayista, crítico literario, dramaturgo y, por una vez con “El retrato de Dorian Gray”, también novelista. Pertenció a la alta sociedad inglesa, de ahí que la conociera tanto y siempre se dice que aquélla, aun con admiradores, le convirtió en objeto de su despreció y ridiculización; sin embargo, por sus escritos sabemos que él no se quedó con la palabra en la boca y ya no se sabe quién se reía de quien…
A pesar de sus detractores tuvo durante un tiempo mucho éxito y combinaba sus escritos con numerosos viajes en los que ofrecía conferencias en universidades extranjeras. Ese éxito acabó cuando en 1895 le acusaron de indecencia grave por una comisión inquisitoria de actos homosexuales, y por ello fue encarcelado. Cuando salió de la cárcel, dos años más tarde, estaba arruinado tanto moral como económicamente y se exilió a Paris donde vivió el resto de su vida bajo el seudónimo de Sebastian Melmoth. En su tiempo en prisión escribió:
”Soy de la opinión de que el amor, de alguna forma que no acierto a comprender, es la única explicación posible del tremendo sufrimiento que existe en este mundo”
Supo como pocos comprender la naturaleza humana, plasmar la mezquindad de la burguesía de la época y convertir un lenguaje culto y preciso en algo cercano. Sus obras suelen mezclar lo irónico con lo dramático y son de esos libros que siempre te hacen pensar, especialmente por la rotundidad de algunas frases que ya se han hecho célebres. Escribió numerosas obras: El retrato de Dorian Gray (su única novela; 1891), El crimen de lord Arthur Saville y otras historias, donde se recoge El fantasma de Canterville (1891), Intenciones (1891), De profundis (1895), El príncipe feliz y otros cuentos (1888), El abanico de Lady Windermere (1892), Una mujer sin importancia (1893), Un marido ideal (1895), La importancia de llamarse Ernesto (1895).
A mí donde más me gusta es en teatro, pero de pequeña no podía dejar de ver en la biblioteca del Fontán la peli de dibujos del fantasma de Canterville, ¡qué recuerdos de cuando se podían ver películas en la biblioteca con aquellos cascos enormes enchufados a una cosa que colgaba del techo! Nostalgia.
Ahí va un fragmento de La importancia de llamarse Ernesto y El retrato de Dorian Gray, ambas llevadas al cine (creo, porque yo no las vi):
“LADY BRACKNELL.- (Se estremece, y yendo hacia el sofá se sienta.) No sé si es que el aire de esa región del condado de Hertford, precisamente, tendrá algo especialmente excitante, pero el número de promesas matrimoniales en actividad me parece que supera considerablemente el término medio suministrado por la estadística para gobierno nuestro. Creo que algunas preguntas preliminares por mi parte no estarían de más. Míster Worthing, ¿tiene algo que ver miss Cardew con cualquiera de las grandes estaciones de ferrocarril londinenses? Lo pregunto a título de información solamente. Hasta ayer no tenía yo idea de que hubiese familias o personas que descendiesen de una estación de término.
(JACK parece furiosísimo, pero se contiene.)
JACK.- (Con voz clara y fría.) Miss Cardew es nieta del difunto míster Thomas Cardew, Belgravia Square, 149, Londres S. O.; propietario de la finca Gervase Park, en Dorking, condado de Surrey, y del Sporran, en el condado de Fife, al Norte.
LADY BRACKNELL.- Eso parece bastante satisfactorio. Tres direcciones inspiran siempre confianza, hasta a los comerciantes. ¿Pero qué pruebas tengo yo de su autenticidad?
JACK.- He conservado cuidadosamente los Anuarios de señas de aquella época. Están a su disposición, por si quiere examinarlos, lady Bracknell.
LADY BRACKNELL.- (Con aspereza.) He notado errores peregrinos en esa publicación.
JACK.- Los abogados y procuradores, de la familia de miss Cardew son los señores Markby, Markby y Markby.
LADY BRACKNELL.- ¿Markby, Markby y Markby? Una razón social muy bienquista en su profesión. Además, he oído decir que alguno de esos señores Markby figuraba de vez en cuando en los banquetes oficiales. Hasta ahora todo eso me satisface.
JACK.- (Muy irritado.) ¡Cuánta bondad por su parte, lady Bracknell! Tengo también en mi poder, y le encantará a usted saberlo, la partida de nacimiento de miss Cardew, su fe de bautismo y sus certificados de tos ferina, empadronamiento, vacunación, confirmación y sarampión, documentos tanto alemanes como ingleses.
LADY BRACKNELL.- ¡Ah! Una vida llena de incidentes, por lo que veo; aunque tal vez demasiado excitante para una muchacha tan joven. Yo no soy partidaria de la experiencia prematura. (Se levanta y mira la hora en su reloj.) ¡Gundelinda! Se acerca la hora de nuestra marcha. No podemos perder ni un momento. Y aunque sea por pura fórmula, míster Worthing, quisiera preguntarle si miss Cardew posee alguna fortunita.
JACK.- ¡Oh! Unas ciento treinta mil libras esterlinas en papel del Estado. Eso es todo. Vaya usted con Dios, lady Bracknell. Encantado de haberla visto.
LADY BRACKNELL.- (Sentándose de nuevo.) Un momento, míster Worthing. ¡Ciento treinta mil libras! ¡Y en papel del Estado! Miss Cardew me parece una muchacha muy seductora, ahora que la veo bien. Pocas muchachas hoy día tienen cualidades verdaderamente sólidas, de esas cualidades que duran y se mejoran con el tiempo. Vivimos, siento tener que decirlo, en una época de cosas superficiales. (A CECILIA.) Acérquese usted, querida. (CECILIA se acerca.) ¡Preciosa muchachita! Su vestido es de una sencillez lastimosa y su pelo parece tal como le hizo la naturaleza. Pero podemos transformarle en seguida. Una doncella francesa, experta, conseguirá resultados maravillosos en poquísimo tiempo. Me acuerdo que recomendé una a la joven lady Lancing y tres meses después, no la conocía ni su propio marido.”
“El retrato de Dorian Gray”
Porque influenciar a una persona es darle nuestra propia alma. Esta no tendrá sus propios pensamientos, y se incendiará con sus propias pasiones. Sus virtudes no serán reales, sus pecados, si existen los pecados, serán prestados. Se convierte en el eco de la música de otro, el actor de una parte que no ha sido escrita para él. El objetivo de la vida es el desarrollo de su propio yo. Encontrar su naturaleza apropiada, es esto por lo que cada uno de nosotros estamos aquí. El mundo tiene miedo de sí mismo, se han olvidado de la mayor de todas las obligaciones, la propia. Claro que son caritativos, alimentan al hambriento, y visten a los mendigos. Pero su propio ser está famélico y desnudo. La valentía huyó de nuestra raza. Tal vez nunca la tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión, estas son las dos cosas que nos gobiernan. Y sin embargo… Sin embargo, creo que si un hombre viviera su vida completamente y hasta el límite, si le diera forma a cada sentimiento, expresión a cada pensamiento, realidad a cada sueño. El mundo alcanzaría un impulso tan fresco de alegría que olvidaríamos lo malo de la mediocridad, y regresaríamos a la época helénica ideal, a algo más dulce, más rico, que el ideal helénico. Pero hasta el hombre más valiente tiene miedo de sí mismo…Se ha dicho que los mayores acontecimientos del mundo suceden en nuestro cerebro. Es en el cerebro, y sólo en él, donde los grandes pecados del mundo suceden. Usted señor Gray, usted mismo, con su sonrosada juventud y blanca adolescencia, ha tenido pasiones que le asustaron, pensamientos que le llenaron de terror, sueños estando despierto y dormido cuyos recuerdos podrían manchar sus mejillas de vergüenza.
(…)
Se frotó los ojos, y se acercó al cuadro y lo examinó de nuevo. No había señales de cambio alguno cuando miró la pintura, y sin embargo no quedaba duda que la expresión se había alterado. No era sólo su propia impresión. Era horriblemente obvio. Se lanzó sobre la silla, y empezó a pensar. De repente pasó por su mente lo que había dicho en el estudio de Basil Hallward el día que el cuadro fue terminado. Lo recordaba perfectamente. Pronunció un deseo enfermizo de que él pudiera permanecer joven, y que el cuadro envejeciera; que su hermosura permaneciera inalterada, y que su rostro en la tela soportara la carga de sus pasiones y pecados; que la imagen pintada se marchitara con las líneas del sufrimiento y el pensamiento, y que él mantuviera la flor y el encanto casi consciente de su adolescencia. Con seguridad su deseo no se había cumplido? Esas cosas son imposibles. Era monstruoso sólo pensar en aquello. Y sin embargo, ahí estaba el cuadro frente a él, con un toque de crueldad en la boca. “
Besos
Candela